La cartera de identidad digital europea está a punto de llegar: qué podremos guardar y hacer con ella

A finales de 2026, los Estados miembros de la Unión Europea deberán ofrecer al menos una Cartera Europea de Identidad Digital, conocida también como EU Digital Identity Wallet o EUDI Wallet.

La idea puede parecer similar a llevar el DNI en el móvil, pero sus posibilidades son bastante más amplias. La cartera está diseñada para identificarnos ante administraciones y empresas, almacenar determinadas credenciales y demostrar datos concretos sin tener que entregar siempre toda nuestra información personal.

Permiso de conducir, titulaciones académicas, datos de identidad o determinadas credenciales profesionales son algunos de los usos previstos. También podrá utilizarse para firmar electrónicamente y acceder a servicios públicos y privados.

Europa lleva varios años preparando esta infraestructura. Actualmente, seis grandes proyectos piloto han probado o están probando más de once casos de uso con la participación de 550 empresas y organismos públicos de 26 Estados miembros, además de Noruega, Islandia y Ucrania.

Pero ¿qué podremos hacer realmente con esta cartera y qué ocurrirá con nuestros datos?

Cartera Europea de Identidad Digital en un móvil con DNI, permiso de conducir, titulación, firma electrónica y credenciales verificadas.

Qué es la Cartera Europea de Identidad Digital

La forma más sencilla de entenderla es pensar en la cartera física que llevamos encima.

Dentro podemos tener el DNI, el permiso de conducir, tarjetas bancarias y otros documentos. La cartera europea pretende trasladar parte de esa lógica al teléfono móvil, pero añadiendo una característica importante: las credenciales podrán verificarse digitalmente.

Esto permitirá identificarnos tanto en servicios públicos como privados y demostrar determinados datos sin presentar necesariamente un documento físico.

La Comisión Europea indica que todos los ciudadanos, residentes y empresas de la UE tendrán derecho a disponer de una cartera proporcionada en el marco de su Estado miembro. Su utilización será voluntaria.

Además, deberá funcionar más allá de las fronteras nacionales. Una credencial válida en España podrá utilizarse, cuando corresponda, ante servicios de otros países de la Unión.

Qué podremos guardar en ella

No debemos pensar en una aplicación destinada exclusivamente a almacenar una copia digital del documento de identidad.

Entre los usos que la Comisión está probando aparecen el permiso de conducir móvil, credenciales educativas y profesionales, recetas médicas, información necesaria para determinados servicios bancarios y credenciales relacionadas con viajes. También se están realizando pruebas relacionadas con pagos.

Un estudiante podría, por ejemplo, acreditar una titulación al solicitar plaza en una universidad de otro país.

Una persona podría identificarse para abrir una cuenta bancaria sin tener que repetir determinados procesos de entrega de documentación.

También podría utilizar la cartera para acceder a servicios de la Administración o firmar electrónicamente documentos.

La utilidad dependerá de las credenciales que vayan incorporándose y de los servicios que acepten la cartera. Por eso conviene distinguir entre las posibilidades previstas y lo que estará disponible desde el primer día.

Identificarse sin entregar todos nuestros datos

Este puede ser uno de los aspectos más interesantes del proyecto.

Actualmente, para demostrar un dato concreto muchas veces terminamos proporcionando mucha más información de la necesaria.

Pensemos en algo tan sencillo como acreditar que somos mayores de 18 años. Si enseñamos nuestro DNI, estamos mostrando también nuestro nombre, fotografía, fecha completa de nacimiento y otros datos que el servicio probablemente no necesita.

La cartera está diseñada para permitir la divulgación selectiva de atributos.

En lugar de entregar toda nuestra identidad, podremos compartir únicamente la información necesaria. Para comprobar la mayoría de edad, por ejemplo, el servicio podría recibir simplemente la confirmación de que superamos los 18 años.

Este sistema conecta directamente con algo que ya hemos analizado en Mente Digital. La Unión Europea está desarrollando una solución común para verificar la edad en Internet sin obligar al usuario a revelar toda su identidad.

La Comisión ha diseñado precisamente esa solución para que sea compatible con las futuras carteras europeas de identidad digital.

Abrir una cuenta bancaria o alquilar un coche

Las posibilidades se entienden mejor con situaciones cotidianas.

Imaginemos que queremos abrir una cuenta bancaria. Actualmente debemos identificarnos y proporcionar al banco diferentes datos y documentos.

Con la cartera digital podríamos autorizar el envío de las credenciales verificadas que el banco necesite. La entidad recibiría información cuya autenticidad puede comprobar sin que tengamos que empezar todo el proceso desde cero.

Otro ejemplo sería alquilar un vehículo en otro país europeo. Podríamos acreditar nuestra identidad y disponer de un permiso de conducir digital verificable desde el teléfono.

La Comisión también contempla situaciones como matricularse en una universidad, solicitar un empleo, acceder a servicios públicos, viajar o utilizar determinados servicios que requieren una identificación segura.

El objetivo es que una misma infraestructura pueda utilizarse en distintos países y sectores.

Qué ocurrirá con la privacidad

Una infraestructura capaz de concentrar credenciales personales plantea una pregunta evidente: ¿quién podrá saber qué hacemos con ellas?

La arquitectura europea parte de un principio razonable: el usuario debe controlar qué información comparte y con quién.

La Comisión afirma que los documentos almacenados y las operaciones realizadas con ellos deberán permanecer privados. Incluso el organismo que haya emitido una credencial no debería ser informado cada vez que la utilicemos.

También se contempla el uso de técnicas que permitan demostrar determinadas condiciones sin revelar el dato completo. Esto puede reducir la cantidad de información personal que entregamos en Internet. Sin embargo, el resultado dependerá de cómo se implemente realmente el sistema. Una cosa es lo que permite la arquitectura técnica y otra cómo terminan funcionando cientos de servicios públicos y privados conectados a ella.

Por eso habrá que prestar atención a cuestiones como los datos que solicita cada servicio, los registros que se conservan y la facilidad real que tenga el ciudadano para saber qué información está compartiendo.

¿Será obligatorio utilizarla?

No.

La normativa europea establece que utilizar la cartera será voluntario. Una persona no debería sufrir un trato desfavorable simplemente por decidir no utilizarla.

Esto resulta especialmente relevante durante los primeros años.

Una infraestructura de identidad digital difícilmente tendrá una adopción inmediata. Tendrán que incorporarse administraciones, bancos, universidades, empresas y numerosos proveedores de servicios.

También tendrá que resultar sencilla para el usuario. Si identificarse mediante la cartera acaba siendo más complicado que utilizar los sistemas actuales, difícilmente tendrá éxito por mucho que exista una buena infraestructura técnica.

Una identidad pensada para funcionar en toda Europa

Quizá el cambio más relevante sea la interoperabilidad.

Hoy existen sistemas nacionales de identificación electrónica, pero su utilización fuera del país de origen puede resultar limitada o poco práctica. La cartera europea pretende establecer unas reglas y especificaciones comunes para que las credenciales puedan utilizarse entre países y sectores.

Los proyectos piloto sirven precisamente para comprobar que esto funciona fuera de un entorno puramente teórico. En ellos participan administraciones, universidades, bancos, empresas tecnológicas y otras organizaciones.

La Comisión también está desarrollando una implementación de referencia de código abierto que los Estados miembros pueden utilizar para construir sus propias carteras, ya que no existirá necesariamente una única aplicación idéntica para toda Europa. Cada Estado deberá proporcionar al menos una cartera que cumpla las especificaciones comunes.

Una pieza más de la economía digital europea

La identidad es uno de los problemas básicos de cualquier servicio digital.

Podemos realizar pagos, firmar contratos o contratar servicios desde el móvil, pero seguimos necesitando mecanismos fiables para demostrar quiénes somos o acreditar determinados datos. La cartera europea intenta crear una infraestructura común para resolver esa parte del proceso.

Esto también explica por qué su alcance puede terminar siendo considerable. No estamos hablando únicamente de trámites con la Administración. Bancos, universidades, empresas de telecomunicaciones, plataformas digitales, transportes y otros servicios privados pueden terminar integrándose en este sistema.

Es un proceso parecido al que estamos viendo en otros ámbitos de la economía digital: tecnologías que durante años se desarrollaron por separado empiezan a convertirse en infraestructuras comunes sobre las que pueden construirse numerosos servicios.

Qué debemos observar a partir de ahora

El calendario ya está bastante avanzado. Los Estados miembros deberán ofrecer sus carteras antes de finalizar 2026, aunque eso no significa que todas sus funciones estén disponibles inmediatamente. A partir de ahí habrá que observar algo más importante que la fecha de lanzamiento: su utilización real.

Será necesario comprobar qué documentos pueden incorporarse, cuántos servicios privados la aceptan, cómo funciona entre distintos países y si las garantías de privacidad previstas sobre el papel se mantienen en la práctica. Poder demostrar únicamente el dato necesario, utilizar credenciales verificables en distintos países y reducir trámites repetitivos tiene una utilidad clara. Pero una infraestructura de identidad también merece un nivel de vigilancia proporcional a la sensibilidad de la información que gestiona.

Si funciona como está planteada, la Cartera Europea de Identidad Digital puede acabar siendo una de esas tecnologías que utilizamos habitualmente sin pensar demasiado en la infraestructura que existe detrás. Y probablemente ese sea el mejor indicador de que realmente ha funcionado.

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